La salud ocular de los niños en Clínica Quijada Valencia

La salud ocular infantil

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La madurez del sistema visual no alcanza su totalidad al nacer. Es en la infancia cuando se realiza el desarrollo total de la visión.

La agudeza visual va mejorando desde el nacimiento: a los tres años se alcanza el 50% del desarrollo y es a los cinco años de edad cuando se llega al 100%. Por eso es muy importante detectar en los primeros años de vida cualquier alteración o anomalía en este periodo de desarrollo visual. Si no se detecta a tiempo pueden ser irreversibles.

El papel de los padres, junto al oftalmólogo, es fundamental para detectar los primeros síntomas de los posibles trastornos.

Cuando el niño presenta alguna anomalía o molestia evidente, es conveniente llevar al niño al oftalmólogo. Hay una serie de indicios que pueden ayudar a detectarlos:

–       Desviación de los ojos

–       Diferencias de visión al tapar un ojo u otro

–       Acercarse excesivamente a la televisión o al papel cuando leen y escriben

–       Dolor de cabeza al forzar la vista

–       Entornar los ojos cuando miran objetos lejanos

–       Guiños frecuentes

–       Tortícolis por adoptar posiciones anómalas al ver la televisión por ejemplo.

–       Pupila de color blanco o grisáceo (Leucoria)

–       Ojos rojos y picor de ojos de manera frecuente

–       Ptosis palpebral (párpado superior caído)

–       Nistagmo (movimientos oculares involuntarios de vaivén)

Estos indicios pueden dar pie a las anomalías más frecuentes entre los niños como el estrabismo, el pseudoestrabismo, la ambliopía u ojo vago y la obstrucción lagrimal.

¿Cuándo se debe llevar a un niño al oftalmólogo?

Las revisiones rutinarias por el oftalmólogo son recomendables realizarlas si, antes de los tres años los padres notan alguna anomalía o lo aconseja el pediatra. También sería conveniente a los tres o cuatro años, aunque el niño no tenga problemas con sus ojos, ya que se considera que es el momento ideal para hacer una exploración selectiva. El niño ya es lo suficientemente mayor como para dar respuestas subjetivas a pruebas de agudeza visual y todavía es lo bastante joven para una terapia eficaz para posibles anomalías visuales. También es aconsejable que se realicen las revisiones rutinarias cada año o cada dos hasta los catorce años, dependiendo si existe o no problema de graduación.

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